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Acto de Desaparición:
Ser aceptado como intelectual en un mundo globalizado
By Wilson Loria
© 2003 Wilson Loria
[Paper delivered by Wilson Loria during the III Hemispheric Institute of Politics and Performance in Lima, Peru, july of 2002]

Cuando escuché que el tema de nuestro presente seminario sería Globalización, Migración y Esfera Pública, pensé inmediatamente en el libro de Diana Taylor que había leído recientemente titulado: Disappearing acts: Spectacles of Gender and Nationalism in Argentina’s “Dirty War”. La mayor parte del libro trata sobre como la identidad nacional es amoldeada, engendrada y presentada a través del espectáculo y del espectador. Su primer capítulo Caught in the Act visiblemente toca un punto muy importante para aquellos que están directamente involucrados en las artes performáticas, bien sea, escribiendo sobre ellas o estando en el escenario. En el mismo, Taylor describe sus sentimientos e ideas sobre Paso de dos, pieza escrita por el dramaturgo y psicoterapeuta argentino Eduardo Pavlovsky, sobre las inquietudes y emociones de la Argentina de la década de los 90. La pieza también muestra la perversidad del torturador; como su victma se convierte en su “necesidad”, y como “su dependencia lo hace sentirse vulnerable, violento, y enfermizamente celoso”.1 La pieza sólo trata de las inquietudes con respecto a la memoria nacional y el olvido, sino también, con “la necesidad de re-imaginar la comunidad”. Taylor compara Paso de dos a “un acto de desaparición teatral”, que “claramente ilustraba la mecánica de la construcción de una nación, que ya había asociado previamente con la Guerra Sucia”.2 En dos encuentros en los que Taylor asistió en Buenos Aires – el primero de ellos, un foro público sobre Autoridad y Autoritarismo, y el otro, una entrevista con el autor de la pieza Paso de dos – ella escribe que ambos encuentros “resultaron ser muy explosivos”.3 Cuando Taylor sugirió que, “la presentación reprodujo, en vez de demantelar el discurso autoritario militar”4; uno de los oradores en el foro le ordenó a Taylor que se callara. Yo confieso que cuando leí estas líneas sentí temor por Taylor, así como también, por cualquier persona que trata de dar su opinión de una manera imparcial dentro de un marco de una discusión supuestamente imparcial. La libertad de expresión no era, definitivamente, una de las prioridades de ese foro en la Argentina. Y luego, mis preocupaciones fueron confirmadas cuando – en un párrafo más abajo – leí: “Alguien de la audiencia me llamó de fascista por tratar de restringir o de censurar lo que podía y no podía ser mostrado”.5 Por supuesto, Taylor escuchó lo que yo más temía, que ella no había experimentado ser torturada y que debía quedarse callada. Y por si fuera poco, Taylor fue tildada de “yanqui feminista”. Sí, yanqui y feminista. En total, que Taylor fue duramente criticada y acusada de ser una “outsider”.

¿Cuál es, entonces, el rol de un intelectual en el mundo “globablizado” actual?

Conseguir una respuesta a esta incognita se convirtió, eventualmente, en el objetivo de este trabajo.

Durante sua estadía en la presidencia, el mandatario argentino Menem perdonó a cientos de oficiales militares de alto rango que estuvieron, sin duda alguna, involucrados en la desaparición de millares de ciudadanos argentinos. Este fue, indudablemente, el recurso burocrático usado por el status quo para hacer que toda una comunidad olvidara su historia, y su lugar en la historia. ¿No debería ser, entonces, el rol de un intelectual vigilar para que esa historia comunal nunca sea olvidada? Yo pienso de todo corazón que sí. La comunicación a través de diferentes culturas debe ser, indiscutiblemente, el más importante precedente en el mundo de hoy, si éste mismo mundo tiene la voluntad de superar situaciones como las que experimentó Taylor en dicho foro. Es del conocimiento general, que uno puede disfrutar de cosas que fueron creadas en lugares distintos foráneos a uno. Taylor nos da ejemplos de gente – y aquí me refiero a los participantes en ese foro – quienes eran, y seguramente, son culturalmente desconfiados, y quienes en ese momento desestimaron la abilidade de Taylor para aprender, escribir y/o dar su propia opinión sobre la Guerra Sucia Argentina, por medio de la puesta en escena de Paso de dos, sin haber tenido que pasar por tan horripilante experiencia. Decir que Taylor no tiene el derecho de hablar sobre tortura ya que ella nunca ha sido torturada, es decir que nadie tiene el derecho de escribir o hablar sobre la construcción de Machu Pichu porque él o ella nunca estuvo ahí subiendo esas inmensas piedras. La reacción a los puntos de vista de Taylor demuestra, una vez más, como esas personas al tildarla de fascista y de yanqui, sólo querían deshacerse de cualquier opinión externa, como si ellos – solos – pudieran salvaguardar su propio nacionalismo cultural, manteniendo alejada cualquier posible intervención de afuera. Yo creo firmemente que este “salvaguardar del propio nacionalismo cultural” no tiene lugar en el mundo de hoy, sino que por el contrario refleja cúan peligroso y debilitante puede resultar el aislamiento.

Como intelectual, Taylor estaba en todo su derecho de ejercer su oficio como aguda observadora, una teórico que ha escrito sobre performance y políticas por unos cuantos años. Ciertamente que ella nunca ha vivido en la Argentina para atestiguar sobre las atrocidades cometidas contra el pueblo argentino. Sin embargo, la investigación, la lectura, el entrevistarse con diversas personas, y el buen sentido común tienen que haber sido los instrumentos utilizados por Taylor para sentirse con la seguridad necesaria para intervenir en dicho foro. Como escribió John Stuart Mills, intelectual británico del siglo XIX, “si nunca actuáramos en nuestras opiniones porque las mismas pudieran estar erradas, deberíamos dejar todos nuestros intereses sin atender, y todos nuestros deberes sin hacer”.6

En el prefacio de su libro, Taylor escribe que ella percibe los “divididos” (p.ej. EE.UU./Argentina, “outsider/insider”, voyerista/testigo, teatro/políticas) como barreras conceptuales. ¿No debería ser el rol del intelectual de ahora, mucho más comprendido y aceptado en esta seuda comunidad global en la que vivimos, si ambas partes (artistas e intelectuales) rompen con esas barreras de antemano? ¿No saldría a la luz más fácilmente la verdad entre ambas as partes con la ruptura de esas barreras? Y aquí, una vez más, yo cito a John Stuart Mills quien escribió que, “la verdad, en las grandes inquietudes prácticas de la vida, es tanto una cuestión de la reconciliación y combinación de los opuestos, que muy pocos tienen mentes suficientemente capaces e imparciales para hacer los ajustes necesarios con un enfoque en lo que es correcto, y tiene que ser hechos a través del áspero proceso de la lucha ente combatientes luchando en diferentes bandos hostiles”.7

Yo vengo de una experiencia en donde ir a los barrios pobres, a las estaciones del metro y a las instituciones para los niños de la calle abandonados, en mi ciudad natal de São Paulo en los años 70 para presentar obras de teatro para las personas sin recursos – fue mi praxis. Y, por supuesto, no puedo negar que, por una parte, todavía deseo y sueño de ver a un intelectual subirse las mangas de la camisa – por decirlo así – para participar en el proceso de cualquier actividad política; pero por otra parte, yo simplemente no puedo olvidar que la meta de un intelectual, como Taylor lo señala brillantemente, es “examinar las politicas del mirar”.8 Y después de observar, nadie puede negar que la teoría puede ser la inevitable respuesta que salga de la pluma o de la máquina de escribir de un intelectual. Como escribe la profesora brasilera de educación, Lúcia Bruno, en A Heterodoxia no pensamento de Mauricio Tragtenberg, “La teoría no es la expresión de una verdad intrínsica a una ‘cosa’. La teoria piensa y comprende la praxis9 acerca de la cosa, no la cosa per se. La realidad de unca cosa, en las palabras de Bahkunin, es desaparecer o transformarse a si misma. Así, la única función de la teoría es indicar los caminos posibles, y nunca dominar la praxis”.9 Una vez que la teoría se apodera del control, el autoritarismo hará su aparición a través de peligrosas doctrinas, bien sea del gobierno autoritario, o de alguna otra institución como la iglesia u otros grupos religiosos. En el caso de Taylor, era evidente que los participantes del foro no estaban en la disposición de aceptar el hecho que Taylor no estaba allí para imponer, de manera alguna, su visión sobre la pieza y su particular interpretación del pasado argentino. Ella estaba allí para señalar otras maneras de comprender lo que la pieza, primeramente, intentaba de comunicar en el escenario. Una vez más, esos participantes parecían estar culturalmente atemorizados que un posible camino de entender su realidad fuera por medio del punto de vista de una “outsider”. Su única preocupación, me parece, era rechazar y silenciar a la yanqui en la audiencia.

Por lo tanto, ¿cuál es la repercusión real y directa de las ideas de un intelectual en el llamado medio ambiente democrático? ¿Qué puede hacer un intelectual para ayudar a la clase obrera, a los artistas, a los actores, a los activistas políticos y a las instituciones? ¿Puede un intelectual hacerse entender por su propia comunidad? ¿Cómo puede alcanzar a otras comunidades sin ser tildado de “otusider”o extranjero?

Yo creo que todas estas preguntas resultan muy pertinentes, particularmente en este momento que hemos estado compartiendo estes últimos días; ya que, ¿quiénes somos nosotros sino personas interesadas en el “otro”? ¿Qué clase de experiencia compartida podemos sacar si es la crítica la única salida que tenemos en cualquier foro o discusión? Si nosotros los pensadores, los artistas, los activistas e intelectuales de las Americas continuamos erigiendo paredes alrededor de nosotros, ¿cómo podremos conocer lo que el otro piensa y escribe sobre nosotros? ¿Si el nuevo proceso de comprender y compartir experiencias del uno con el otro no fueran iniciadas, no estaríamos nosotros, ingenuamente, reproduciendo la misma vieja história, la misma vieja letanía que nos ha acompañado desde la Conquista?

Ya es hora de que nos abramos. Insultarnos es indudablemente una forma de alejarnos de nuestro objetivo de conocernos mejor unos a otros. Y lo más importante, la libertad de expresión debe ser el emento sine qua non para que este proyeto comunal se haga realidad.

Siendo escritor y actor, no puedo negar que la crítica puede, en ocasiones, tanto ayudar como impedir el trabajo de un artista. Sin embargo, no puedo negar tampoco, que teniendo un crítico, un intelectual observando y eventualmente, escribiendo sobre el trabajo de uno es definitivamente un gran recurso para cualquier artista dispuesto a crecer en su campo. Escuchar la opinión de otros sobre el trabajo propio debe ser un valido recordatorio que el trabajo de uno no está casi nunca terminado.

Resulta más bien dificil para mí, en este momento, tratar de entender lo que queremos decir por globalización, si los mismos artistas no están dispuestos a ser criticados.

Y como dijo R. Tagore, el poeta bengalí:

“Todo lo que entendemos y disfrutamos en productos humanos instantaneamente se convierten en nuestros, sin importar su lugar de origen. Yo estoy orgulloso de mi humanidad cuando puedo reconocer a los poetas y artistas de otros paises como míos. Déjame sentir con inmensa alegría que todas las glorias del hombre son mías”.10

Si un artista o un activista no puede abrirse a la crítica que viene de un “outsider”, o más bien de uno mismo, entonces la globalización (y quiero decir una globalización verdadera, dondo todo el mundo pueda, indiscutiblemente, ser parte de un proyeto mundial más amplio que tanto añoramos) estará destinada a no ser otra cosa que otro acto de desaparición.


  1. Diana Taylor. Disappearing Acts: Spectacles of Gender and Nationalism in Argentina’s “Dirty War.” Durham and London: Duke University (1997): pp. 2. >Back
  2. Diana Taylor. Disappearing Acts: Spectacles of Gender and Nationalism in Argentina’s “Dirty War.” Durham and London: Duke University Press (1997): pp. 17. >Back
  3. Ibid. >Back
  4. Ibid. >Back
  5. Ibid. >Back
  6. John Stuart Mills. Of Thought and Discussion in On Liberty. Indianapolis/Cambridge: Hackett Publishing Co., Inc. (1978): pp. 18. >Back
  7. John Stuart Mills. On Thought and Discussion in On Liberty. Indianapolis/Cambridge: Hackett Publishing Co., Inc. (1978): pp. 46. >Back
  8. Diana Taylor. Disappearing Acts: Spectacles of Gender and Nationalism in Argentina’s “Dirty War.” Durham and London: Duke University (1997): pp. xii. >Back
  9. Lúcia Bruno. A heterodoxia no pensamento de Maurício Tragtenberg in Maurício Tragtenberg: Uma vida para as Ciências Humanas. São Paulo: Unesp (1999) pp. 114. (My translation.) >Back
  10. Amartya Sen. Development as Freedom. New York: Anchor Books (1999): pp. 242. >Back
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